En cierto modo las personas siempre buscamos la manera de romper las reglas. Es un reflejo casi natural de que cada vez que nos ponen un límite queremos cruzarlo. EL problema es que siempre está la sensación de miedo. De tomar el riesgo.
Cuando no hay reglas no hay miedo, porque sabemos que el riesgo no puede traer mayores consecuencias, sino hay reglas es porque no hay peligro. En cambio si hay reglas hay duda, sabemos que si hacemos algo en contra de esas reglas algo pasará y eso no estará en nuestro poder. De ahí viene el gran deseo del ser humano de querer tener el control de todo, no queremos lo que no podemos controlar. No sabemos cómo esto se nos devuelva luego.
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