Pues supongo que escribo a ver si me ayuda a salir del hueco en donde estoy metida desde ayer.
Le pregunto a mi conciencia si esta fase de "odio el mundo" es sólo una fase. Dime que si. Te lo ruego.
Porque estoy luchando por cumplir una promesa que me hice a mí misma el año pasado cuando estaba en esta misma situación. Me dije a mí misma que evitaría hacer aquellas cosas que me hicieran sentir incómoda. Me iba a dedicar a hacer las cosas que me hicieran feliz. Y de eso es que quiero escribir.
Me dije a mí misma que iba a leer más. Que me iba a dedicar a escribir como Dios manda. ES decir, iba a escribir enserio. Quería que mis personajes dejaran de ser simples clichés de película. Quería escribir algo más real. Quería describir dolores, pérdidas y amor.
Escogí encontrarme a mí misma. Dejar a un lado por un tiempo el complacer a los demás y hacer siempre lo más correcto. Tomo clases de Francés porque simplemente me gusta. No hay mayor explicación para eso. No lo hago por mérito ni por cómo se verá en mi curriculum. Simplemente AMO COMO SUENA EL FRANCÉS.
Y en cuanto al yoga... digamos que algo hizo "click" dentro de mí la primera vez que lo intenté. No es que lleve mucho tiempo en el asunto, pero cuando estoy ahí sobre el matt, cuando mi mente le exige a mi cuerpo y lo único que existe soy yo y mis circunstancias... Ocurre algo que nunca pasa: mi mente se queda tranquila.
¿Saben a lo que me refiero? Tener la cabeza completamente en blanco, no pensar en absolutamente NADA. Para mí eso es una hazaña. Porque siempre estoy pensando en algo, así no tenga nada propio por lo que preocuparme, pienso en el calentamiento global, o el hecho de que los osos polares se ahogan porque se derriten los polos. SIempre encuentro algo que me preocupe. Excepto cuando estoy sobre el matt.
Y finalmente...
Acepta lo inevitable. Eres quien eres. Nunca serás como otra persona. Te toca trabajar con lo que tienes y probar qué tan lejos puedes llegar con eso.





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